
La
navidad se empezaba a acercar, los adornos navideños ya están en
los escaparates de muchas tiendas. Hace menos de dos semanas había
sido Halloween y este año había sido uno en especial fuera de lo
común.
Se
dice que la noche de Halloween la distancia entre nuestro mundo y el
de lo paranormal se acorta, pero por alguna razón este año ese
acercamiento estaba durando más de lo habitual, nadie hablaba de
ello pero se podía sentir mascar una sensación extraña en el aire.

En
este hospital siempre preparaban un belén precioso que por
proyecciones cambiaba las luces pasando de una oscura noche a un
precioso día pasando por amanecer y anocheceres vivos casi reales.
Aparte de esto había una exposición de belenes del mundo algunos
muy curiosos pero luego estaba mi parte favorita, el mercadillo
benéfico.
En
este siempre había cosas curiosas y solo lo separaba un pasillo del
belén y la exposición. Este pasillo siempre estaba lleno de muebles
antiguos que seguramente decoraban el hogar de algún anciano y tras
el fallecimiento de éste la familia decidió donarlo. Al final del
pasillo estaban los juguetes y lo más interesante los libros.

Mande
todo a un segundo plano y volví a mi vida. Me puse los casco con la
música y me subí al coche. Mis padres me dejaron a unas manzanas de
donde había quedado con mis amigos. Siempre llevaba la música baja
para enterarme de lo que pasaba a mi alrededor y esta ocasión no era
una excepción.
Vía
mis amigos a la otra calle los salude y esperé a que el semáforo se
pusiera en verde, mire a ambos lados y cruce. Cuando estaba llegando
al otro lado me dispuse a quitarme los cascos para guardarlos, pero
cuando me quite uno el otro empezó a reproducir la canción con
interferencias extrañas. Cojí el móvil y mire la pantalla tras
desbloquearlo vi la lista de reproducción, algo raro pasaba, las
letras estaban descolocadas como si las hubiesen tirado sobre la
pantalla. Decidí bloquear el teléfono y volverlo a desbloquear para
ver si se solucionaba, pero al encenderse la pantalla mi fondo de
desbloqueo había cambiado la foto de bloqueo por la que había hecho
un rato antes ambos niños me sonreían entre sus lágrimas. Solo
sentí terror. Quite la mirada del móvil para ver una fuerte
luz y oír un estruendoso pitido que no escuche por mi concentración
sobre los niños, pero ya era demasiado tarde.